Índice de Historias:
Primera:
La Bataille des Étoiles
Capitulo 1
Marchando al frente de Batalla
Capitulo 2
Declaración de Guerra
Capitulo 3
En el campo de Batalla
Capitulo 4
El despliegue de la infantería
Capitulo 5
Contraataque ofensivo
Capitulo 6
Repliegue de tropas
Capitulo 7
La retirada
Segunda:
Entre la luz y las Sombras
Capitulo 1
(P.O.V) de Regulus
Desde las sombras
Capitulo 2
(P.O.V) de Remus
Aun bajo luz, Vivir en la oscuridad
Tercera:
Una dramática tragedia de Futuros mortífagos en los libros de Harry Potter, o el que no haya pensado alguna de estas ideas para una historia, que levante la mano.
Capitulo único
Un terrible destino para los Futuros mortifagos en los libros de Harry Potter.
Primera: La Bataille des Étoiles
Capitulo 1
Marchando al frente de Batalla
Hermosas ramas de vides adornaban los sólidos barrotes de hierro que protegían la –a ojos de las niñas-, inexpugnable propiedad. Un letrero que rezaba: “Maison des étoiles veillé avec le chien, propriété privée”, lo cual no significaba nada para la pequeña Narcisa, pero para Bellatrix y Andrómeda – que conocían algo de francés-, significaba claramente que los propietarios de dicha mansión no querían extraños cerca.
Pero eso no amilanaría a las tres niñas
Habían recorrido y sacrificado mucho por estar ahí en ese momento,
y no se irían sin lo que habían ido a buscar.
La mansión estaba a orillas de un lago en la pequeña región de Anjou en Francia. Una zona con mucha naturaleza, una brisa cálida y tibia con un sol que invitaba a salir a disfrutarlo.
Todo muy distinto al húmedo clima de Londres al que estaban acostumbradas.
Estaban cansadas, hambrientas y en serios problemas en casa, pero se repetían que muy pronto todo valdría la pena. El haber desobedecido a su padre- y en el caso de Bella y Andrómeda- el haber escapado del colegio.
Decidieron dejarse de contemplaciones e indesición y tocaron la campana que llamaba a la puerta.
Una vieja elfa salio a su encuentro, se impactó al reconocer a las señoritas – ya las conocía de las fotografías que la señora tenia en su bureau, e inmediatamente las hizo pasar y las dejo confortablemente en la sala de estar mientras avisaba al señor y la señora.
La estancia olía a flores y frutos, también se sentía el aroma de lo que sería la cena y el estomago de Andrómeda rugió con furia recordándole las horas que tenia sin saborear una sola comida decente, salvo algunos pasteles de calabaza que trajo Narcisa consigo de casa.
La entrada de una hermosa mujer de cabellos rubios y expresivos ojos azules, muy parecida a Narcisa, saco de sus cavilaciones a las niñas.
Las cuatro se miraron fijamente. La recién llegada con una mezcla de sorpresa, estupefacción y gran felicidad, Andrómeda con desafío y orgullo, Bellatrix con desdén y reproche y Narcisa con ojos anegados.
-Están aquí – dijo finalmente la mujer echándose a abrazar a sus niñas, siendo su abrazo recibido por Narcisa, su hija mas pequeña, las otras dos sólo se acercaron, pero mantuvieron su distancia, Bella con los brazos cruzados y el reproche dibujado en su rostro, y Andrómeda, con remarcada severidad en su pequeña carita.
Y ese era el juicio al que Druella Rosier Black más temía. El de sus propias hijas. Desafió al mundo escapando con su amante Albert Bonnefoy sin importarle nada ni nadie. Pero ya una vez pasados los vapores del inicio del amor, la realidad vino a su mente. La reacción de su esposo, la reacción de sus hijas.
La odiarán? Por supuesto que sí, ella las había abandonado y la familia Black no perdona una traición. Cygnus, Walburga y Orión se encargarían de que la odiasen por siempre.
Ya había perdido las esperanzas de verlas alguna vez, de poder estar con ellas, ya sea que mientras que fuesen unas niñas los Black le prohibirían acercarse a ellas, o ya sea que cuando fuesen mayor, ellas no quisieran hablar con la mujer que las abandonó.
Pero estaban ahí.
Sus niñas estaban ahí.
Apenas dos semanas se había marchado y sus niñas estaba ahí... Pero… Cómo era posible?
-Que hacen aquí? – les pregunto aguantándose las lagrimas, -Cómo?...- decía incoherentemente porque reía y lloraba al mismo tiempo, y súbitamente, temerosa ante la idea, -Su padre esta aquí, él las trajo?
-No- Respondió Bella con un tono de voz severo, ni siquiera creo que sepa que no estamos en el país.
-Quien las trajo entonces?
-Vinimos solas mami – dijo emocionada Narcisa.
Druella miró a sus hijas mayores como buscando el rechazo, pero sólo vio el asentimiento de cabeza de su hija mayor. Y su corazón estalló de gusto y de preocupación también ante tan arriesgada empresa realizada por tres niñas de 12, 10 y 8 años.
Todo por estar cerca de ella, entonces no había perdido su cariño, aún tenía esperanzas.
Desde la puerta Albert Bonnefoy observaba la escena en silencio, aún no era el momento de intervenir, era un momento íntimo entre la madre y sus hijas, un momento de reencuentro. Pero eso no le impidió estudiar a las pequeñas, que de la nada aparecieron a su puerta.
Las tres niñas eran la estampa perfecta de la familia Black, esos rasgos delicados y aristocráticos que caracterizaban a esa familia, así como esos ojos oscuros – salvo en Narcisa que eran copia de su madre-, ese porte elegante y esa aura de desición.
Si, esas niñas eran Black desde la medula. Y mas le valía tener cuidado de ellas. De un Black no es bueno, ni sano fiarse.
Quedó impactado al escuchar a la pequeña decir que vinieron solas, y más aun cuando las grandes corroboraron la versión.
Un gruñido de estómago hizo a Druella ver a su hija mayor que sólo volteo la mirada molesta y notablemente sonrojada pese a su estoica pose al verse descubierta en una debilidad.
-Deben estar hambrientas – dijo Druella encaminándose al comedor con las niñas, -y agotadas, vengan, vamos a cenar.
Narcisa se dejó llevar por su madre de la mano, Andrómeda y Bella las siguieron, más se detuvieron en a puerta al percatarse de la presencia de Albert.
-Niñas – dijo Druella con nerviosismo, -les presento al Señor Bonnefoy.
Las tres niñas se tensaron, incluso Narcisa tensó el agarre de su madre y la sonrisa se borró de su rostro.
Un incómodo silencio lleno la habitación y fue Andrómeda quien saludo.
-Monsieur Bonnefoy.
Bella mal disimulo una mirada de profundo odio.
Era de esperarse esa reacción, pensó Albert, después de todo yo fui el hombre malo que les robó a su madre. –Bienvenidas- dijo, y sonrió.
Druella no era tonta, esa situación era lógica y hasta la esperaba en el momento en que vio a Albert en la puerta de la habitación, la labor sería ardua.
Capitulo 2
Declaración de Guerra
Andrómeda y Narcisa comían discretamente, Bella miraba con insistencia la mano de su madre sin siquiera probar bocado, Druella sabía lo que pensaba su hija, e inconscientemente, cubrió su mano con la otra.
-Ese es un anillo nuevo- dijo finalmente Bella casi como una acusación.
Un momento incomodo, Druella ya no llevaba en su mano su anillo de bodas, se lo quitó justo antes de tomas el traslador que la llevaría a esa residencia.
Al día siguiente, al despertar, encontró en su mesa de desayuno un estuche con el nuevo anillo que llevaba, símbolo de lo que sería su nueva vida.
-Que pasó con el anillo, mamá?
-Ya no lo llevo querida.
-Que pasó, lo perdiste acaso? – mirando de reojo a Albert , -se perdió?
-Está a buen resguardo en la caja de seguridad, teníamos planeado eventualmente enviarlo a tu padre.
-Y ahora como debemos llamarte? Madame Bonnefoy?
-No podré seguir llamándote mami, mami? – pregunto con angustia Narcisa.
-No mi cielo- se apresuro a responder Druella, -siempre seré tu Mami– mirando a Bella, -siempre seré su madre.
Terminando la tensa cena, Druella llevó a sus hijas a lo que sería su habitación, las niñas mas mantuvieron un terco silencio, cortado solamente por algún que otro comentario puntual de Bella.
-Me cuentas un cuento? – Pidió Narcisa, pero Albert dijo, -Será para después, su madre y yo nos disponíamos a salir después de la cena, teníamos reservaciones y no se cambiaran los planes por su llegada. Duerman y nos veremos mañana, así podremos hablar.
Druella lanzo una mirada suplicante a Albert, pero éste se mantuvo firme. Al final, ella sólo asintió, dio las buenas noches a sus hijas y salió de la habitación.
Con esa acción, Albert quiso hacerle ver a las niñas que su llegada no marcaría ninguna diferencia con respecto a su relación con Druella. Ella, ahora, era su mujer y nada cambiaría al respecto, ni aunque mil niñas apareciesen a su puerta.
-Bella- dijo Andrómeda a su hermana -crees que hicimos lo correcto? Crees que mama sí volverá con nosotros?
-Claro que lo hará, no la dejaremos aquí, ella vendrá con nosotras a casa – dijo a su hermana con firmeza – y agregando como una suplica silenciosa para si, -tiene que volver
Despertaron casi al mediodía del día siguiente, al agotador viaje desde Londres y por Paris las había dejado agotadas.
Lo que sorprendía a Druella era como tres niñas tan pequeñas pudieron haber hecho ese viaje ellas solas y sin que su padre se enterase, la valentía de sus niñas la tenia impactada.
En el almuerzo las niñas le contaron como hicieron para localizarla y la pusieron al corriente de todo lo ocurrido en la mansión Black desde su partida.
Por lo que pudo saber, nadie sabía que Druella se marcho con Albert aun. Los Black habían guardado muy bien el secreto. Decían a todo el mundo que ella decidió acompañar a Cygnus a su viaje de negocios por Alemania, así darían tiempo de que las niñas comenzaran el colegio, después, Cygnus llegaría diciendo que fue él, el que abandono a Druella y se quedó con la custodia de las niñas. Estas, Bellatrix y Andrómeda, estarían a salvo de los chismes y murmuraciones dentro de los muros de Hogwarts, mientras que Narcisa pasaría el resto del año con su tía Walburga y su tío Orión.
Y así, Druella sería entonces borrada oficialmente del árbol familiar.
Las niñas no tomaron bien la noticia de la ausencia de su madre, querían verla, pero Walburga no era especialista en tratar con niños, aun siendo ella madre de dos niños pequeños.
-No queríamos que te borraran del árbol mami – decía Narcisa, -no queríamos dejar de tener una mami.
Druella miraba impresionada a sus hijas, Andrómeda tenía los ojos llorosos, y notó como Bellatrix se secaba con fuerza una rebelde lagrima que rodó por su mejilla.
-Como hicieron para encontrarme?
-Las cartas que enviabas a la tía – respondió Andrómeda, en referencia a las cartas que Druella enviaba para saber de sus hijas y que Walburga devolvía sin abrir, -interceptamos una de las lechuzas y así nos enteramos de tu dirección.
Albert llego al comedor y se sentó en la cabecera de la mesa. Su gesto huraño y la repentina tensión de su madre fueron muy buena señal para Bella.
Y no estaba del todo mal, la noche anterior, en el club nocturno al cual habían asistido, se sucedió una singular discusión entre la pareja.
-No hay que alentar demasiado a tus hijas.
-Alentarlas, como que alentarlas?
-Haciéndoles creer que son bien recibidas cuando no es así, nadie, por muy intimo que sea, es bien recibido de improviso.
-Pero los hijos son siempre bien recibidos por su madre. Espera – dijo cayendo en cuenta, -entonces lo de hace un rato, lo de que no cambiarias los planes, fue intencional?
-Si.
-Creí que sólo habías sido una falta de amabilidad de tu parte instigado por la actitud de Bella.
-En parte, pero también quiero que queden las cuentas claras, que esas niñas en estos momentos no son bienvenidas.
-Estas hablando de mis hijas- le recriminó.
-Se sincera cariño, saliste de tu casa precisamente porque te ahogaba la familia Black, y esas niñas son parte de esa familia, decir que las esperabas con cariño seria hipócrita.
-Pero es así aunque no lo creas – refuto molesta.
De haber presenciado esa escena, el humor de Bella hubiese sido mejor por la mañana. Después de todo, la sola presencia de Albert dio inicio a lo que sería la columna principal de su plan para recuperara a su madre.
Divide y vencerás.
En una seria conversación, las niñas relataron como fue su plan para ir a visitar a su madre, ya le habían contado como se habían hecho de la dirección, ahora venía lo más difícil.
El lograr viajar hasta ese lugar, más aún, con el inicio de clases tan cerca. Bellatrix iniciaría su segundo año en hogwarts y Andrómeda su primero.
-Pero mi niña, no asististe a tu ceremonia de selección.
-Quería más verte mami.
Continuaron su relato…
Planearon seguir la costumbre como si nada, mientras reunían todos sus ahorros y el dinero que su padre dejó para los gastos de Andrómeda y Bella durante su primer trimestre en el colegio.
Bella convenció a un chico de Slytherin de quinto año – previos buenos galeones por delante y darle a entender que tenía algunos secretos acerca de él que no convenía que saliesen a la luz pública-, que cambiara sus galeones ingleses por galeones franceses en Gringotts, a demás, que comprara un Translador internacional en el Callejón Knockturn y uno de ámbito local.
Del armario de pociones de la familia Black logró obtener algo de poción multijugos y en la habitación de su tía algunos de sus cabellos.
Andrómeda consiguió un hechizo que le permitía hacer una perfecta falsificación de la letra de su tía. Con eso, escribió una carta al director Dumbledore donde anunciaba la repentina enfermedad de las niñas, y por ende, el retraso de su fecha de llegada a Hogwarts.
Esa era la parte más arriesgada. Dumbledore podía no responder la carta a su tía si no a su padre y no había manera de interceptar el correo que el recibiría en Alemania.
Por su buena estrella, Dumbledore respondió a su tía.
Con el mismo hechizo, lograron hacer otra carta, esta vez falsificando la letra de su padre, donde él le decía a su hermana que cambió de opinión y se llevará a Narcisa con él a Alemania, pues sería más lógico ante todos si durante la separación él se quede con las niñas, así no sería extraño que Druella no pidiese la custodia después. Mandaría a alguien a recogerla por la Red Flú el mismo día que las niñas fueran a Hogwarts. Walburga respondió a su hermano que estaba de acuerdo, pero las niñas interceptaron la misiva, y en su lugar, le hicieron llegar una supuesta carta de respuesta de su padre informándole la hora y la identidad de la supuesta nana que recogería a la niña.
Druella miró impresionada a su hija mayor, era la única de las tres que sabía usar correctamente una varita.
-Hiciste magia fuera de colegio – recalcó.
-Como si los tontos del ministerio lo notaran, en el colegio supe que ellos solo rastrean la magia en el ambiente, y con tantos elfos y magos en casa, el que yo haga magia no se notaría– respondió muy pagada de si misma y mirando con soberbia a Albert.
Punto para Bella.
-Espero que mientras estén en <i>mi</i> casa – dijo Albert puntualizando el mi, -no harás ningún tipo de magia, al menos aquí, no permito ilegalidades.
Como si hubiese hablado a la mesa.
Andrómeda continuó con su relato.
Bella y Andrómeda fueron a la estación acompañadas de uno de los elfos domésticos. Walburga nunca dejaba totalmente solos a sus hijos, en especial al pequeño Régulus de pocos meses de nacido, era una madre aprehensiva con sus dos bebes. Despidieron al elfo antes de cruzar la barrera hacia el tren de Hogwarts, y en lugar de entrar, se hicieron a un lado, en un lugar más privado usaron el Translador local hasta una de las propiedades de los Black en Wishistershire. Ahí, Bella tomo parte de la poción multijugos usando el cabello que tomó de una mujer de la estación y usó la red flu para recoger a Narcisa en casa.
En la casa de Wishistershire dejaron sus cosas del colegio y tomaron sólo las que necesitarían para el viaje, y Bella, tomó nuevamente la poción multijugos para hacerse pasar por su tía en caso de que alguien decidiera detener a tres brujitas viajando solas en un país extranjero.
El trasladador las llevó a la región de Anjou, pero les costó encontrar el lugar, estando marcado como incontrable, no era fácil acceder a medio de transporte rápidos.
El efecto de la poción en Bella terminó y ahora estaban más indefensas que antes, pero siguieron su camino. Les tomo día y medio llegar hasta el lugar donde se hallaba su madre.
-Mis niñas!– exclamó Druella abrazando a su hijas, conmovida por la serie de riesgos y peligros que corrieron sólo por volver a verla.
-Esta mañana escribí a su padre- anunció Albert rompiendo el momento-, espero su respuesta esta misma tarde, probablemente venga a recogerlas o mande por ustedes.
Andrómeda y Narcisa no dejaron ocultar su descontento, tanto esfuerzo para nada, Bella se mantenía impasible, algo que Albert tomó como disimulo de su descontento.
Pero si supiera que era disimulo de su satisfacción…
Ese hombre era tan predecible. No había ella previsto eso mismo desde que se le ocurrió aparecerse en esa casa?
Lo que ni Albert, ni su madre, ni sus hermanas sabían, era que Bella manejaba la situación de “Más vale pedir perdón que permiso”.
Los elfos de la casa Black tenían la instrucción de que un día después de su partida enviaran una carta a su padre donde Bellatrix le explicaba su plan. Aunque no explicaba la parte de tratar de hacer regresar a su madre, sólo decía que debían de hacer algo para que todo quede en su lugar, antes que un escándalo mayor afectase el buen nombre de la familia.
Por supuesto Cygnus estalló, pero su mente Slytherin tuvo que hacer una reverencia ante el plan de su hija, y además, si eso no funcionaba, ya tenía un plan de contingencia a la hora de revelar su separación de Druella, y serviría para que las niñas la rechazaran por si misma, claro, previa demostración y poder de convencimiento de parte de su padre.
Después de todo, ellas no fueron a buscarla en persona y aún así no regreso?
Cygnus reía pensando cómo el harían la vida imposible a su ex-mujer y a su amante.
Bien, por lo pronto ya se les acabó la eterna luna de miel, a pisar realidades.
Qué mejor inicio para su venganza?
Por lo pronto, cuando él recibió la carta del amante de su ex esposa, supo que ya las niñas comenzaron con su pan. Él respondió que en esos momento no podía ir por ellas, ya que estaba de viaje de negocios, y que su hermana Walburga lidiaba con uno de sus pequeños que estaba enfermo, por lo tanto no había quien se encarge de las niñas y que sería mejor que Druella las cuide por siete días, cuando el podría ir a buscarlas y llevarlas al colegio en persona.
Albert arrugó y destrozó la carta como si fuese el mismo Cygnus en persona, y a su mente llegó la expresión burlesca de Bellatrix.
Después se calmo.
Esto era planeado, y la sospecha que esa niña tenía algo que ver en eso no le pareció tan descabellada. Pero si la mocosa pensaba que lograría lo que sea que se proponía estaba muy equivocada. Y una enana que aun no se limpiaba la leche de los labios pensó que podría ganarle es que no lo conocía.
Era una declaración de guerra.
Capitulo 3
En el campo de Batalla
La confrontación directa era un estrategia que desde la primera noche Albert tuvo claro, de nada valía decirle a Druella que la presencia de sus hijas en esa casa era de seguro algún plan de su ex y de las niñas.
Que fuera parte de un plan de su ex se lo creería, pero de sus hijas no. Una madre – más una qué paso por el miedo de perder el amor de sus hijos, desecharía esa idea de inmediato, más si esta convencida que ese fue un acto de gran amor de sus hijas hacia ella.
No que Albert estuviese muy lejos de la verdad, pero tampoco estaba completamente equivocado.
Recordó muy bien como la sola llegada desató entre ellos su primera discusión, y estaba seguro, que no sería la última.
Entonces decidió irse con pies de plomo.
Resignado, tuvo que modificar los planes del romántico paseo por el río junto a Druella y transformarlo en un día de campo familiar.
Un día de campo familiar ....
El no era hombre de familia!
Cierto que pensaba tener hijos con Druella algún día, pero todo sería después de pasado el escándalo de la separación de Druella y de que disfrutaran el uno del otro algunos años, no ahora.
Ahora no estaba ni preparado ni dispuesto a lidiar con niños.
Pero aguantaría, sería sólo cuestión de una semana y esas niñas se irían de su vida si no para siempre, sí por una larga temporada de tal vez algunos años.
-Que te parece mami?- preguntaba Narcisa a su madre que anudaba la cinta del cabello de Andrómeda. Estaba encantada con al idea de un día de campo con su mamá y adoraba el vestido blanco que ella había mandado a comprar con los elfos esa mañana.
Las tres niñas vestían sencillos trajes para explorar, blanco el de Narcisa, verde el de Andrómeda y azul el de Bellatrix.
-Estás muy linda cielo – respondió.
Ya irían el día de mañana a comprar lo necesario para la estadía de una semana de las niñas, aprovecharía esos días al máximo, y tal vez, lograra convencer a Albert de intentar pelear la custodia o por lo menos un régimen de vistas.
Ella sabía que él no estaba preparado para ser padre, pero eran sus hijas, creyó que perdería para siempre su afecto, pero ahí estaban.
Tenía una nueva oportunidad y no la dejaría ir, no perdería a sus hijas de nuevo bajo ningún concepto.
Bellatrix ya planeaba su estrategia.
La confrontación directa no le serviría, eso era algo que ya sabía desde un principio, pero a la hora del desayuno noto la tensión entre su madre y ese hombre. Tal vez discutieron, debía ser por la presencia de ellas ahí.
El fue muy grosero la noche anterior, sabía que en repuesta por la manera en que ella lo trato, pero eso no importaba.
Ahora tenía un arma.
Era sólo cosa de provocarlo sin que su madre se enterara, lo haría rabiar y ella no daría motivos aparentes para provocar esa reacción.
Eso sí, no sería una niña dulce y dócil desde el principio, eso haría sospechar más a su madre, lo mejor seria ceder de a poco, así no podrían acusarla de no haberlo intentado y el quedaría como el malo.
Le haría ver a su madre que ese hombre no valía la pena.
Narcisa sería una ayuda incalculable, ella solo estaba feliz por estar ahí con su madre, que sin apenas notarlo, lograba apartar con su cariño inocente a su madre con mucha eficacia de ese hombre, más que cualquier cosa que hubiese planeado.
Andrómeda era algo diferente.
Estaba en un conveniente punto medio. Podía actuar más como Narcisa, pero a su vez mostrar cierta aprehensión hacia él.
Ella era la perfecta para acercarse a ese hombre y hacerle creer que tal vez no lo despreciaba completamente.
Era la perfecta para que el buscara como aliada y en eso se convertiría.
Y ya con las cartas sobre la mesa y los peones dispuestos en el tablero, que comience la batalla.
El primer movimiento, cuando su madre les dijo que trataran de llevarse bien con Albert, que le dieran una oportunidad.
Desde un principio Bella le dijo a su madre que nunca se llevaría bien con él, que era su culpa todo lo que había ocurrido, al final, después de idas y venidas y tira y encoje, sólo prometió a su madre que trataría de llevar esos días en paz.
Andrómeda le prometió que sería lo más educada posible, al igual que Narcisa.
El día de campo pasó en tranquilidad, salvo por un incidente que hizo caer a Albert en el rió – el juraría que el tropiezo de Bella no fue tal-, y un error cuando le sirvieron la comida más condimentada de lo soportable – no entendía como tanto picante llegó a su plato y el de los demás estaban perfectos, el asunto no pasó a mayores más que lidiar con la mala cara de Bella y que Druella no le prestó la más mínima atención, como si el no estuviese ahí.
Pensó que se podría desquitar esa noche, una apasionada velada con Druella le recordaría que él estaba ahí... entre otras cosas.
Dejaron a las niñas durmiendo en su habitación, y apenas entraron a su santuario el tomó por asalto el cuello de su mujer.
-Deja -decía juguetonamente mientras forcejeaba por soltarse sin muchos ánimos que él la soltara.
-Te extrañé todo el día- haciendo un puchero-, me tenías abandonado.
-Oh, disculpe caballero- Dijo Druella volteándose y abrazándolo por el cuello-, qué puedo hacer para corregir tamaña falta?
-Se me ocurren una o dos ideas – dijo antes de llevarla en brazos hasta la cama y comenzar a explora de nuevo su cuello en tanto desabrochaba los botones frontales de su vestido.
-Eso se siente muy bien – ronroneo Druella.
-Como respuesta, Albert terminó de abrir su blusa y desabrochó su brasiere, comenzando a acariciar los senos erectos de su amante.
-Mami – se escucho un gemido detrás de ellos.
Como un flash Druella hizo a un lado con brusquedad a Albert y se abrochó la blusa.
-¿Qué sucede cariño?- preguntó nerviosa a su hija.
-Hay un Troll debajo de mi cama.
-No cariño, en tu cama no hay Trolls – le dijo Druella-, yo misma me cercioré de eso.
-Pero Bella y Cissa dijeron que si, que las niñas que no se dormian pronto les salia el troll que vive debajo de las camas, pero y si me duermo y el sale?
-Él no va a salir cariño, no hay Trolls, además, están tus hermanitas para matarlo con sus varitas si llega a haber uno, ven vamos a tu habitación.
-No- se negó Narcisa- Quiero dormir contigo, por favor.
-No cariño, debes dormir en tu cama.
-Por favor- comenzó a gimotear la niña.
-Tu madre ha dicho que no- dijo tajante y severamente Albert-, anda, ve a tu cuarto.
-Pero quiero dormir con mami.
-Aquí no vas a dormir.
-¿Pero tú si puedes?- Preguntó con inocencia, después miró cara a cara con su madre, que no se atrevía a mantener la vidriosa mirada de su niña.
“¿Pero tu si puedes?”, una inocente pregunta que sería la declaración de miles de cosas. Pero la más importante, que la niña no recibía el consuelo que rogaba y la protección contra sus miedos porque su madre prefirió pasar tranquilamente la noche con ese hombre.
Ni las palabras más elocuentes pensada por el más brillante de los oradores podían causar el impacto que causo esa simple pregunta.
Y además se veía tan indefensa, casi al punto del llanto cuando Albert la trató de esa manera tan dura. ¿Como no podía ver que la niña tenia miedo? Todos los niños pequeños alguna vez tiene miedo a algo en la noche.
-No mi vida, no dormirás aquí, lo harás en tu habitación – y mirando con reproche a Albert, no había razón para que fuera tan duro con la niña-, y yo contigo.
Cargó a su hija y fue a su habitación, dejando a Albert rumiar sus frustraciones y maldecir todas las generaciones pasadas y futuras de manipuladores niños Black.
Andrómeda y Narcisa tenían el oído pegado de la puerta del pasillo en espera de lo que podría ocurrir, escucharon la puerta del cuarto de su madre abrirse y corrieron a sus camas antes que ésta llegara y fingieron dormir.
Cuando esta no salió si no que se quedó a dormir con ellas, Bella sonrió discretamente entre sueños.
Todo iba a las mil maravillas.
Druella y Albert no se hablaron en todo el día siguiente, lo que demostró al hombre lo equivocado de su proceder, había descargado su furia en quien menos debía; está bien, estaba algo frustrado por la situación, pero fue realmente bajo el tratar así una pequeña que tenia miedo y solo quería estar con su mamá.
Lo primero que hizo fue ir con la pequeña Cissa al jardín, la niña estaba algo cohibida en su presencia.
-¿Sabes porque te traje aquí? – le preguntó.
-Alguien se portó muy mal anoche.
La niña temía ser castigada por atreverse a ir al cuarto de su madre, pero quedó estupefacta al escuchar lo siguiente:
-Y quiero disculpas por haberme portado tan mal contigo – se disculpo-, fui muy grosero y es mi culpa.. quisiera saber si podrías perdonarme.
Druella miraba desde el desayunador el desarrollo de la escena y el enfado desapareció mágicamente, cuando vio a la pequeña abrazar a Albert, supo que todo estaba en paz.
Bella enfureció pero la mirada llamando al sosiego de Andrómeda le hizo aguantarse las ganas de gritar traidora a los cuatro vientos.
El resto del día Albert se multiplico para consentir a las niñas, las llevó de compras, de paseo al parque, a comer helados – pese a que Druella dijo que no las dejara comer dulces. -Pero .. Un helado nunca cae mal ¿verdad?- Después fueron a comer a un lujoso restaurante, y finalmente, pasearon por el zoológico de criaturas mágicas donde vieron todo tipo de animales.
Ese día había sido de él, ya que hasta Bellatrix parecía divertirse y así perfilo su plan de acción.
Pero necesitaba aliados.
Fue a la chimenea y contactó algunas personas, después fue al comedor y anuncio a todo el mundo:
-Acabo de recibir noticias – anuncio-, mis sobrinos llegan mañana – a Bella y las niñas-, tendrán algunos amigos para jugar.
A Bella eso no le sonó a buenas noticias.
Capitulo 4
El despliegue de la infantería
Muy tranquilitas , sentadas en el sofá, esperaban la llegada de los dichosos sobrino de Albert, esos mocosos seguro les harían las cosas más difíciles – pensó Bella, y al parecer Narcisa estaba de acuerdo-, es que estaba más que claro, por alguna razón Albert los había traído, tal vez para buscar la manera de neutralizarlas esos días.
Pero a un Black lo neutraliza el que puede, no el que quiere.
De la chimenea salieron dos chicos, de unos 16 años aproximadamente, de cabellos rubios y ojos verdes, gemelos al parecer, y detrás de ellos, Albert.
-Niñas- dijo-, les presento a mis sobrinos: Yves y Rene Ponge.
-Hola – dijeron los chicos.
-Mucho gusto- los saludó Druella-, Albert no me dijo que sus sobrinos eran prácticamente unos hombres.. y muy apuestos por decirlo.
Los chicos tuvieron el tino de sonrojarse, no todos los días una hermosa mujer madura los alababa en ese tono tan coqueto.
Albert se sintió satisfecho, parecía que sus sobrinos se llevarían bien con Druella.
Los chicos casi inmediatamente resultaron un obstáculo. En primera porque ahora la atención de su madre debía centrarse en otros chicos ademas de ellas, lo que les quitaba protagonismo y más de una oportunidad de manipular la situación a su antojo.
Ahora ya no era la opinión solamente de las niñas de la casa, ahora había otros “niños” cuya opinión contaba.
Y casi siempre era en favor del “tío Albert”.
Por dos días, los planes no marcharon, es más, casi retroceden, hasta su madre comenzaba a decirles a Bella y a Andrómeda que deberían usar a Yves y Rene como modelos a seguir de muchachitos bien portados.
Cabe decir que las chicas poco le faltaba para vomitar ante lo melosa que era su madre con estos chicos.
Un poco más y les montaba un altar.
El punto álgido de la situación se desencadenó durante el almuerzo del cuarto día de estadía de las niñas en la casa y el segundo de los chicos.
En medio de una conversación banal, las chicas se enteraron que los gemelos eran media sangre, lo que hizo saltar a Bella inmediatamente de su lugar.
-Me niego a compartir la mesa con dos Sangre sucias – declaró.
-¿Qué has dicho? – siseo furioso Albert-, retráctate inmediatamente.
-No – dijo Bellatrix decidida, a pesar de todo ella era una Black, y desde la cuna le habían inculcado la clase de personas con las que podía estar y las que no.
-En este momento jovencita – ordenó Albert-, te disculparás con Rene e Yves y te sentaras a comer.
-He dicho que no, mi padre me enseño que no debo acercarme a los sangre sucias y eso es lo que son.
Albert hizo ademán de levantarse y abofetearla, pero el grito desesperado de Druella lo hizo detener la mano en aire.
-¡Albert no por favor! – pidió suplicante.
Druella sabía que lo que hizo Bella no tenía perdón, pero también sabía que la niña, que sus niñas crecieron rodeadas de esos estúpidos prejuicios y que estas no olvidarían de la noche a la mañana todo lo inculcado por su padre y sus tíos desde la misma cuna. Si tan solo ella hubiese tenido algo más de carácter para imponerse a ellos…
-Retírate – le ordeno a Bella-, ya terminaste de comer – y sentenció-, y sólo comerás cuando vengas a este comedor a hacerlo en armonía con todos los miembros de esta familia.
Bella sólo se levantó orgullosamente, miró con desdén hacia los chicos, con reproche hacia su madre y con odio a Albert, después, salio orgullosamente del comedor.
Andrómeda solamente se limito a dejara su servilleta a un lado y levantarse, Cissa miraba intermitentemente a su hermana y a su madre y opto por ponerse de pie junto con ella.
Yves y Rene le parecieron chicos simpáticos, pero si eran sangre sucias no era bueno que se juntara con ellos, su papá podría molestarse. Además, estaban las historias que contaba su tía Walburga acerca de ellos y los Muggles, por lo que decidió seguir a sus hermanas.
-Aun no han terminado – les dijo Albert.
-Ya hemos terminado – dijo Andrómeda con resolución y salió del comedor de la mano de Cissa.
Albert se sentó, tiró la servilleta con frustración sobre la mesa y no pudo comer más, nadie pudo seguir probando bocado.
Capitulo 5
Contraataque ofensivo
Cuando se retiraron a sus habitaciones, Druella trató de excusar el comportamiento de las niñas basándose en la educación que habían tenido.
-Entiéndeme Druella- decía Albert-, es necesario reprenderlas a tiempo antes que tengamos que lamentarlo. Una noche sin cenar no les hará daño y ya verás que mañana el hambre las hará reflexionar y las obligará a portarse, por lo menos, educadamente con las personas.
A la hora del desayuno ninguna de las niñas se presentó a comer en la mesa. Albert había ordenado a los elfos servir alimentos sólo en el comedor con toda la familla presente, los bocadillos y tentempiés fuera de horas de comida estaba estrictamente prohibidos para las señoritas.
Pasó la hora del almuerzo e igual, las niñas no se sentaban a comer en la mesa, ya Druella comenzaba a preocuparse, pero Albert le decía que sólo era cuestión de esperar, que tarde o temprano el hambre las obligaría a claudicar.
Le preguntó cuales eran los platillos y bocadillos favoritos de las niñas y ordenó a los elfos el prepararlos, pero las pequeñas no daban su brazo a torcer.
Druella rompió a llorar cuando las niñas no hicieron acto de aparición en la cena y Albert estuvo consolándola gran parte de la noche.
En el desayuno tuvo que retenerla para que no fuera a suplicarle a las niñas que fueran a comer algo, pero el mismo Albert estaba maravillado de la entereza de esas criaturas, y sus propios nervios estaban alterándose.
Investigó con los elfos y ninguno había facilitado comida a las niñas y estas no tenían manera de conseguir por otro medio que él conociese.
Para la cena Albert las obligó a estar en el comedor sin sentarse a la mesa, tal vez el olor de la comida despertarse su hambre lo suficiente como para hacerlas claudicar.
Pero nada.
Las niñas veían las fuentes con comida con evidente ansia, pero nada les hizo dejar su estoica posición a un lado de la mesa e intentar comer.
El remedio fue peor que la enfermedad, ya que nadie pudo probar bocado esa noche, la comida sencillamente se atoraba en sus gargantas.
Albert sabía que en cualquier momento claudicarían, por lo menos Narcisa lo haría, era un niña muy pequeña y no tendría la fuerza de ánimo que sus hermanas.
Y era cierto, pero se olvidaba que la niña también era un black, y eso en algunas culturas es sinónimo de terquedad, cosa que pudo comprobar muy bien a la hora del té.
Se las agenció para que Narcisa estuviera a solas con él en la salita de estar sin su hermanas.
-Ven- le invitó-, ¿no tienes apetito?
El sonoro rugido del estomago de la niña fue una muy elocuente respuesta, mas esta con toda la flema del mundo denegó la invitación.
-No, Gracias.
-Vamos – le insistió-, sólo una probadita, no se lo diré a nadie, tus hermanas no tiene porque enterarse.
-No quiero!- dijo tajantemente y salió corriendo de la salita dejando a Albert con la bandeja de bocadillos en la mano y las ganas de gritar y patera como infante.
Los chicos por su parte intentaron acercarse independientemente a Bellatrix y a Andrómeda.
De la primera sólo recibieron insultos y desprecios, mientras que de la segunda por poco y esta usa su varita por primera vez practicando el popular deporte de tiro al Media Sangre, lo que le gano un buen regaño de parte de Albert y de su madre.
La suave y etérea atmósfera que se respiraba en un principio ya no era tal. De la pareja tan apasionada que no dejaba de sonreírse, que necesitaban la cercanía el uno del otro, que dormian abrazados, entregados a ese sueño idílico de los amantes que comienzan una nueva vida, no quedaba nada.
Ahora son dos personas que comparten la habitación, que duermen en la misma cama, cada uno sin ánimos ni ganas de acercarse al otro, porque saben que iniciar una conversación, sería dar pie al inicio de una nueva pelea gracias al nuevo día lleno de conflictos.
Otro día en que Albert no lograba congeniar con sus hijas.
Otro día en que esa falta de entendimiento generaba un abismo entre ellos , y ella, en el medio sin saber a que orilla dirigirse.
Y se acostaban juntos, si, pero dándose la espalda y lo más alejados posible físicamente, porque mentalmente ya estaban a años luz de distancia.
Y Druella sentía dolorosamente como se repetía la historia de su antigua relación.
Cygnus y ella tenían puntos de vista muy distintos de la vida, solo se casaron por el compromiso entre sus familias aun antes que ella supiese siquiera hablar.
Cosas de la pureza de la sangre y esas tonterías.
Tonterías para ella, pero no para su esposo, que desde que nacieron sus niñas comenzó a llenarles la cabeza de esas “tonterías”.
Cómo será el futuro de sus hijas al alado de Cygnus como padre?
Le horrorizaba el imaginarlo.
Y ahora, su relación con Albert se iba a pique por la notable diferencia que hay entre ellos y sus necesidades.
Sabía que era egoísta de su parte considerar sólo las necesidades de ella – orientada hacia el afecto de sus hijas-, por sobre las de Albert que le había ofrecido una nueva oportunidad para ser amada.
Pero el amor por sus hijas era más fuerte que nada.
Estaba confundida, ahora su corazón corría en dos sentidos opuestos.
Su amor de mujer o su amor de madre.
Albert la sintió llorar en su lado de la cama, sintió pena por ella, debía estar muy preocupada por sus hijas que para completar, tampoco habían cenado.
Estaba a punto de mandar todo al diablo, permitir que las chiquillas se salieran con la suya y permitirle lo que quieran.
Después de todo, sólo les quedaba el día de mañana y su padre vendría por ellas. Apagó la luz de la mesa de noche y trató de dormir un poco, maldiciendo contra el mundo, contar la niñez en general y profundamente resentido con la mujer a su lado que se dejaba manipular por tres mocosas tan fácilmente.
<b>Capitulo 6
Repliegue de tropas</b>
Narcisa lloraba quietita en su cama, no aguantaba el hambre.
-¿Qué te sucede Cissa?- pregunto Andrómeda sentándose a un lado de la cama.
-Tengo hambre – gimoteó la niña.
Pero no era sólo eso, no era sólo el hambre. Era también el desespero de que faltaba un día para que su padre viniera por ellas y su madre no mostraba indicio alguno de querer regresar, es más, en los últimos días sólo hacia lo que Albert decía sin rechistar y ya no las abrazaba ni las besaba, ahora hasta las rehuía.
Quizás lo que dijo su tía Walburga sea verdad.
Ella no las quería, por eso se fue con otro hombre sin importarle nada ni nadie.
En especial ellas.
-Tranquila –intentó consolarla Andrómeda en tanto se preguntaba en donde se había ido a meter Bellatrix, pero su pregunta fue respondida cuando ésta entró con sigilo a la habitación.
-Vengan – les dijo-, inspeccioné, y mamá y ese hombre están dormidos, también los Sangre sucia. Síganme.
Sin rechistar siguieron a su hermana y salieron de la casa hasta el rió. En un pequeño bote Bellatrix logró esconder algunas empanadillas que tomó de las cocinas distrayendo a los elfos con un pequeño desastre en los establos, además tomó también lago de jugo de calabaza.
-Debemos comer rápido y volver antes que se den cuenta – decía a sus hermanas que se arrojaron como lobos hambrientos sobre la comida.
Al terminar su tercera empanadilla, Andrómeda preguntó finalmente.
-¿Crees que todo esto haya servido para algo?
-¿Qué?
-Todo esto, el viaje, venir con mamá, el pelearnos con ese hombre.
-Sólo sé que si mamá no regresa con nosotras, entonces este viaje sirvió para darnos cuenta que mamá no nos quería tanto como decía, prefirió quedarse aquí con ese amante de Muggles que con nosotras que somos sus hijas. Si es así, entonces ella ya no será mi madre .. y yo misma borraré su nombre del árbol familiar.
Andrómeda abrazó a su hermana mayor, ella conocía que esa pose era para defenderse de lo mucho que le dolía la posibilidad de que su madre no las quisiera.
Así era Bella, amaba con total intensidad, y en asuntos del amor ella era así, todo o nada.
En eso se parecía demasiado a su madre.
Pensó en cómo se veía ella ahora en esa casa, con ese hombre y no pudo evitar reconocer el brillo en su mirada el día que la volvió a ver.
Un brillo que nunca tuvo cerca de su padre.
Ella quería a ese señor, y de la misma manera que lo hizo Bellatrix, dejó todo en pro de ir con objeto de su afecto.
Porque así eran ellas dos, iban en pos de sus afectos y para ellas en cuestión de sentimientos solo existía el blanco y el negro, daban todo de sí sin guardarse nada. Y todo aquello que amenazara con contrariarles en sus objetivos era el enemigo.
Solo que su madre debía estar muy confundida… Ella las quería también.
Porque las quería … ¿verdad?
Terminaron su comida, pero estaban tan agotadas tanto física como emocionalmente, Narcisa se había dormido sentada en su sitio, así que se recostaron para descansar un poco los ojos y ambas se quedaron dormidas.
Capitulo 7
La retirada
-Señor, Señora – llama el elfo a su patrones para despertarle.
-¿Qué quieres Roxie?- preguntó Albert adormilado.
-Lamento despertarlos señor y señora, pero cuando Roxie fue a cambiar las toallas del baño de las señoritas vio que no estaban.
-¿Qué? – preguntó Druella terminado de despertarse.
-Lo siento señora- dijo la elfa atemorizada, su señora no era nunca de ademanes tan bruscos, y verla así, descoloco a la elfa-, Roxie intento encontrarlas, la busqué por toda la casa, los demás elfos ayudaron a Roxie, pero no encontramos a las señoritas.
-¡Por Merlín sagrado!- gimoteaba Druella mientras que calzaba sus pantuflas y se ponía su bata.
Corrió a la habitación de las niñas y éstas, efectivamente, no estaban. Las buscó ella misma por toda la casa sin éxito.
Albert, Rene e Yves le ayudaron con la búsqueda pero fue infructuosa.
-¿Y si se escaparon?- preguntaba desesperada a Albert y sus ojos decían lo que no se atrevía a decir en voz alta: “¿ Y si huyeron de mi, y si ya no me quieren?”
Intentaron algunos hechizos convocadores pero no hubo resultado, tal vez estaban muy lejos para que estos funcionasen…
El golpe de un leño contra el bote despertó a las niñas. Al parecer se habían quedado dormidas más de la cuenta y despertaron en un sitio totalmente distinto al lugar en que se habían dormido.
El bote se soltó durante la noche y vago río abajo hasta encallar en otra orilla. Sólo les quedaba una opción y era devolverse andando siguiendo el cauce del río.
Sería una gran caminata.
La furia de Albert no tenía comparación. Esta era otra estratagema de esas niñas y Druella sólo corría de un lado a otro gimoteando y preguntándose donde estarán.
-Quieres calmarte de una vez – le dijo venenosamente-, ya aparecerán, seguro están por ahí escondidas, y tu, preocupándote como una estúpida.
-No me digas estúpida, son mis hijas y tengo todo el derecho a preocuparme por ellas.
-No lo hiciste cuando las abandonaste para venirte conmigo.
No había terminado de decir esa frase guiado por la rabia y el resentimiento acumulado estos días cuando se arrepentía de pronunciarla.
-Druella yo – intentó excusarse.
-No digas nada- le corto Druella, caló por unos momentos y comenzó a hablar seriamente-, desde anoche he estado reflexionando....
En los tiempos antiguos, cuando un ejército ganaba una guerra, los vencedores llevaban prisioneros a los derrotados.
Esa fue la impresión que tuvo Albert al ver salir a Druella de su casa en compañía de las niñas.
El coche las esperaba, las vio subirse, y su mirada se cruzó por última vez con la de la única mujer que había elegido para formar un hogar, y sintiendo conmiseración hacia ella rogó por su bienestar, y suplicó al cielo que la vida no ponga a esas niñas en la misma encrucijada que tuvo que vivir su madre.
El amar tanto a un hombre y tener que elegir entre su familia y él. El tener que seguir un ideal de vida dando la espalda – y algunas veces enfrentado y rompiendo-, a tu propia familia y los lazos de sangre. El sentir el terror de poder perder un hijo por cualquier medio.
Y rezó porque el sacrificio de su Helena valiera la pena, si al menos una sola de esas niñas puediera ver más allá, vea personas en vez de magos de sangre pura, sangre mezclada, squibs o muggles. Que una de ellas vea solo lo que hay… personas y sentimientos.
Así se debería de haber visto Helena cuando volvió con Menelao después de la toma de Troya a su jaula de oro.
Y él se sentía tan muerto como Paris desde su tumba. No, se sentía peor, porque al menos Paris murió con la certeza de que era el único amor de la Bella Helena, pero él, sabía que había alguien más por encima de él en el corazón de Druella. Tres personitas más para ser exactos.
~*~
Las niñas habían vuelto después de medio día de caminata. Druella corrió a su encuentro y las llenó de besos.
Ellas explicaron que se habían quedado dormidas en un bote que se soltó durante la noche y que volvieron a pie.
Pero no hubo regaño.
Druella las llevó hasta su habitación y les comunicó su resolución.
-¿Volverás con nosotras a casa mami?- chilló Narcisa estallando de la felicidad-¿En serio? ¿Para no irte jamás?
-Si su padre me acepta – respondió Druella sin poder ocultar un deje de resignación y dolor.
-¿Y que hay de Monsieur Bonnefoy? – inquirió Bellatrix.
-Alber... Monsieur Bonnefoy - se corrigió-, se quedará aquí y yo volveré a Londres- el “Para no verlo jamás,” quedaba implícito en su tono de voz-, escribí una lechuza a su padre, le dije que no es necesario que venga por ustedes, yo las llevaré a Londres. Allí su padre y yo hablaremos.
Para Andrómeda no pasó desapercibido el último vistazo que su madre dio a lo que fue su hogar por una corta temporada, la tristeza de esa mirada le hizo preguntarse si en verdad habían hecho lo correcto. Su madre las quería, de eso se convenció cuando pusieron a prueba ese amor y ellas salieron victoriosas.
Pero, ¿era necesario ponerlo a prueba?
Era muy pequeña para saber a qué había renunciado Druella por el bienestar de sus hijas.
Para Druella, estos días a su lado le permitieron ver el tipo de niñas que serían bajo la crianza de su esposo, sus defectos y sus virtudes
Y eso la asustó.
Solas, sin una influencia de contrapeso quién sabe qué tipo de personas legarían a ser en el futuro. Tan elitistas y prejuiciosas como su esposo y su familia.
No, no quería ese futuro para ellas.
Volvería, y de ser necesario suplicaría de rodillas a Cygnus para que la aceptara de vuelta, pero nunca más estará al margen de la vida de sus niñas.
Tenía la esperanza de que su influencia no permita las ideas de su esposo germinar en las infantiles mentes de sus hijas.
Debía intentar salvarlas.
Esa, de ahora en adelante, sería su batalla.
N/A. esta es la primera de una serie de historias dedicadas a Dark_Rachel, bien, trate de hacer lo mejor posible con las pautas hechas para el reto, pero no soy muy buena con el Yuri y mucho menos con el incest, asi que pensé: al menos una historia con las niñas Black antes que todo ocurriese y las separara.
Una aventura pero que dejará ver un vistazo de los que sería sus vidas.
No sé qué pensaras de ella, pero para ser primer intento en el fandom.
Bueno, de todos modos aquí va la siguiente historia. Esta si es del genero yaoi.
~*~
Segunda: Entre la luz y las Sombras
Capitulo 1
(P.O.V) de Régulus
Desde las sombras
31 de Octubre 1976
Miro hacia el techo como buscando en él la respuesta a todas las cosas que suceden en mi vida. A mi lado, tú duermes el sueño de los inocentes, el sueño de los que aman y se sienten correspondidos, lo mío es la vigilia de los que aman y no tienen esperanza.
Porque sé que tu afecto tiene dueño y no soy yo.
Lo mió es urdir tretas, crear complots y romper límites y confianzas con tal de poder tenerte conmigo aunque sea una vez en mi vida.
Aunque tu nuca sepas que soy yo.
Aunque yo nuca pueda decírtelo.
Aunque esto signifique unirte más a aquel te separara de mi, porque es a él a quien tu corazón pertenece.
Y yo estoy dándoles el empujón que puede unirles.
Volteo y te veo dormir, eres hermoso, no esa belleza enternecedora, es una belleza que no se te definir de qué emana, pero esta ahí.
Acaricio uno de tus mechones castaños y beso tus labios con un suave roce, no quisiera despertarte.
Me levanto y tomo mi túnica y la mascara que llevaba hasta hace unos momentos.
Te veo por última vez e ese cuadro tan íntimo y salgo para siempre de tu vida.
En el pasillo otro persona me espera, él llevó a cabo su parte del plan y trae flotando el cuerpo inconsciente – por la extrema ingesta de alcohol-, el de mi hermano.
Lo llevo a la habitación y lo acomodo en el lugar que yo ocupe hasta hace solo unos instantes, si todo sale bien, tu creerás que tu primera vez fue con él.
El creerá que tú te le entregaste y él fue el primero en tomar todo de ti.
Y sólo yo sabré que no fue así.
Sé que fue una maniobra desesperada, vestirme igual que mi hermano, en el baile de Halloween, incluso tomar poción multijugos por si la máscara caía e